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El Centro Histórico de Puebla, a tan solo 5 décadas años de celebrar su fundación, enfrenta el reto de conservar sus oficios y voces mientras se transforma.
Caminar por las principales arterias del Centro Histórico de Puebla a primera hora del día es presenciar el despertar de una ciudad que guarda sus siglos en fachadas que cuentan historia, olores que recuerdan tradiciones y ritmos que hablan de evolución. A simple vista las casas coloniales parecen intactas; tras sus muros, sin embargo, laten transformaciones que cambian la forma de habitar este corazón urbano.
A menos de una década del medio milenio, la pregunta es inevitable: ¿qué de su esencia ha resistido y qué se ha transformado para siempre?
El primer trazado del centro de Puebla se organizó en damero (patrón reticular de calles y manzanas en forma de cuadros similar al tablero de ajedrez), que conforme a sus modelos urbanos coloniales creaban un orden y una distribución pensadas para imponer control y organización en las nuevas ciudades hispanas durante la época de la conquista y colonia. En la Plaza Mayor se articulaban los centros del poder y lo sagrado: la catedral, el cabildo y los portales comerciales. Esta lógica de orden urbano dejó una huella que hoy define la clásica y distintiva fisonomía del centro.

El 11 de Diciembre de 1987 el Centro Histórico de Puebla fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reconocimiento que validó su valor como uno de los conjuntos urbanos coloniales mejor conservados de América Latina declarándolo patrimonio de la Humanidad por su legado histórico, artístico, cultural y basto en tradiciones. La declaratoria destacó su traza en damero, la riqueza del barroco local y la fusión estética entre elementos europeos e indígenas. Este nombramiento impulso los trabajos de restauración y rescate de sus monumentos para asegurar su conservación y mantener su valor y legado para futuras generaciones, para sostenerse viva a través del tiempo.
Hoy el patrimonio material del centro es tangible: según el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la zona alberga 2,619 inmuebles reconocidos como parte del bien patrimonial. Estas construcciones —fachadas de ladrillo rojo, muros de cantera gris y, en muchos casos, azulejos con identidad que reflejan la luz—conforman un museo urbano al aire libre cuya continuidad estilística va del renacimiento sobrio al barroco exuberante.
Los muros de la ciudad han sido testigos de procesiones religiosas, conmemoraciones cívicas, enlaces e intercambios culturales y de mercadeo, conflictos políticos, y movimientos económicos significativos. Tras una puerta puede ocultarse la memoria de un comerciante de seda; en la esquina siguiente, una botica del siglo XIX reconvertida en cafetería. Esa convivencia entre lo monumental y lo cotidiano es precisamente lo que hace al Centro Histórico de Puebla un sujeto vivo, no solo un escenario estático.
La diversidad y número de templos impresionan por su carácter y sus historias: la Catedral de Puebla abre la secuencia arquitectónica y la Capilla del Rosario, en el Templo de Santo Domingo, es ejemplo culminante del barroco novohispano. Su profusa ornamentación le ha valido el apelativo popular de “octava maravilla del mundo”, expresión que recoge asombro y valoración vernácula más que un título formal.
Caminar por calles, como la 6 Oriente, es transitar entre la historia del comercio local y la contemporaneidad: dulces tradicionales, talavera, artesanías y tiendas de antigüedades conviven con cafés y espacios creativos. El afamado Callejón de los Sapos, con su tradicional mercado de objetos antiguos, despliega microhistorias que hablan de usos, oficios y memorias individuales.

Pero la vida urbana del centro no está exenta de tensiones. La visibilidad cultural atrae inversiones, turismo y proyectos urbanos que proponen desde peatonalizaciones hasta tecnologías inmersivas para “revivir” el pasado. Las iniciativas pueden embellecer y proteger, pero también presionar el costo de la vivienda y sensibilizar la permanencia de familias que han habitado el centro por generaciones y que sostienen la conservación de sus costumbres y tradiciones ancestrales . El desafío es que las políticas patrimoniales no conviertan el centro en un decorado sino que lo sostengan como territorio vivible y con memoria, dignificando así su acervo patrimonial.
Conmemorar el medio siglo de fundación de la ciudad de Puebla es habitarla y revivirla a través del tiempo…16 de Abril de 1531 marcó un inicio histórico …y dando cara a 2031, año en el que Puebla celebra sus 500 años de fundación, el centro se proyecta como un espacio donde tradición y modernidad pueden convivir en diálogo —o entrar en conflicto. Los planes urbanos contemplan movilidad inteligente, recuperación integral de fachadas y más áreas peatonales, pero la auténtica prueba y el mayor reto será el mantener y conservar la vida cotidiana: talleres, librerías, mercados y oficios que dan al centro su pulso y son el latido de su gente. Sin ellos, las calles serían apenas un decorado para el visitante, sin la respiración lenta y persistente de quienes lo habitan.
Con motivo del quinto centenario se propone crear un espacio conmemorativo permanente: un punto simbólico que, más que celebrar con espectáculo, funcione como plataforma para el inventario de memorias, la escucha de voces locales y la programación cultural que convoque oficios, gastronomía, remembranza y creación contemporánea, año con año. Este lugar podría convertirse en un archivo vivo, donde cada generación aporte su relato, sus imágenes y sus sonidos, formando una narrativa colectiva que atraviesa siglos.
La conmemoración de los 500 años sería entonces no solo un acto de recuerdo, sino un compromiso con el presente y el futuro de nuestro Centro Histórico: preservar la pluralidad de voces que lo sostienen, abrirlo al diálogo intergeneracional y permitir que sus calles sigan siendo escenario de encuentros, aprendizajes y transformaciones. Porque más allá de sus muros, calles y trazos, lo que realmente da vida a este espacio son las manos que lo cuidan, las miradas que lo recorren y las historias que aún no se han contado…seguiremos compartiendo a nuestros lectores, en este espacio, mucho de lo que este tema merece reconocer porque Puebla nos seduce, pero su Centro Histórico sin lugar a dudas…
NOS INSPIRA!
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