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Hay promesas que son imposibles de romper. Se guardan en el alma por años, hasta que un día, llega el momento de cumplirlas y saldarlas. La de Abraham Jauli es una de esas historias que lograron trascender incluso más allá de la vida y la muerte.
En 1996, su padre, Salomón Jauli Dávila, dos veces director del Instituto Poblano del Deporte, entraba en el libro de los récords de nado en aguas abiertas al convertirse en el primer poblano en completar el reto de cruzar el Canal de la Mancha. Una proeza deportiva considerada por muchos como la más peligrosa del mundo. El reto consiste en cruzar nadando un brazo del mar del Norte, desde el puerto de Dover en Inglaterra hasta Calais, Francia, sin parar y sin más ayuda que la de tu cuerpo, tu mente, una gorra y un pequeño calzoncillo.
Tiempo después de su proeza, Abraham, uno de los tres hijos de Salomón, le hizo una promesa a su padre: que un día seguiría sus pasos y lo vería luchar contra el mismo mar para tratar de completar el reto que él alguna vez soñó. Desafortunadamente, Salomón falleció unos años después, dejando una huella imborrable en su familia, pero también un legado y una promesa que no se olvidaría: la de cumplir ese reto que no solo significa poner a prueba tu capacidad como atleta, sino también poner en riesgo tu vida.
Y es que el cruce del Canal de la Mancha puede ser una prueba sin final. Aunque es un trayecto de 33.7 kilómetros en línea recta, se puede multiplicar de manera aleatoria debido a los fuertes vientos que intensifican y cambian constantemente las trayectorias de las corrientes, volviéndolas una trampa mortal que te puede llevar a nadar por horas sin avanzar un solo metro. Aunado a las bajas temperaturas del agua, a lo corrosivo de su salinidad y el desgaste físico y mental que significa nadar sin parar, sin saber por cuánto tiempo.
Los nadadores se preparan por meses para tratar de certificarse ante el comité. Después de ser evaluado y aceptado como atleta que reúne “las horas de vuelo” necesarias para poder resistir el reto, se les agenda una fecha para intentar el cruce. Zarpa en un barco acompañado de un staff conformado por entrenadores, médicos, nutriólogos y demás especialistas. A unos metros de la playa, el atleta se arroja al agua para nadar solito todo el trayecto, seguido por la tripulación, que no podrá tocarlo, rescatarlo ni ayudarlo. Únicamente lo acompañan a la distancia para motivarlo, monitorearlo y alimentarlo, mientras él sigue en el agua. Si por alguna razón pide ayuda y sube al barco, el intento de cruce se invalida y deberá buscar una nueva oportunidad en otra ocasión, si así lo decide.

Para Abraham, ese día cero llegó 15 años después. El 29 de julio de 2022, Jauli Aguirre sorprendió a los poblanos con el anuncio de que estaba en Inglaterra para intentar el reto. Siempre lo mantuvo en secreto, solo con sus más cercanos. Era una promesa muy personal que, sin saberlo, después se convertiría en una hazaña mediática que lo pondría en todos los medios locales y nacionales. El 30 de julio quedó guardado como el día en que logró conectarse con su padre en el mismo mar.
Abraham decidió iniciar el trayecto de noche, nadando los primeros kilómetros en completa oscuridad, en medio de una fauna marina que angustiosamente lo acompañaba en silencio. Las aguas malas fueron los primeros obstáculos; sin embargo, no lograron mermar su ímpetu. La primera alerta real de abandono llegó unas horas después, cuando empezó a experimentar síntomas de hipotermia: frío, confusión, dolor en el pecho y problemas para respirar. Pero la fuerza de una promesa puede ser más fuerte que cualquier síntoma. La segunda alerta fue a unos pocos kilómetros de la playa destino, donde muchos retadores desisten. El nadador no puede tocar tierra donde quiera, sino donde las reglas del comité indican. Eso significa nadar quizás tres horas más en promedio, rodeando la costa, cuando aparentemente ya casi has llegado. La contracorriente y el cambio de trayectorias generalmente suelen alejarlos de la meta. Pero ni el frío, ni el cansancio, ni la frustración mental de verse tan cerca, pero saberse tan lejos pudieron con las ganas de trascender y cumplir. 17 horas y 13 minutos después, Abraham tocó tierra y levantó los brazos, como marca la reglamentación, para demostrar que físicamente estaba bien y que aún era capaz de moverse por sí mismo. Solo en ese instante, se puede validar el reto, logrando completar una hazaña a la que muy pocos aspiran.
En este 2025, solamente dos mexicanos, contándolo a él, han logrado completarlo. Y en la historia del cruce, que data oficialmente desde 1875, solo tres poblanos aparecen en las listas: Salomón Jauli Dávila, con un tiempo de 15:15 en 1996; Christian Ayala Espinosa, con marca de 17:38 en 2013, asesorado por el propio Salomón; y ahora Abraham Jauli Aguirre con su 17:13.
La misión está cumplida y el pacto sellado. Pero, a decir del propio Abraham, la meta se convirtió solo en el principio. El sueño de ir en busca de la triple corona de nado en aguas abiertas —que implica cruzar el Canal de Catalina y rodear la isla de Manhattan— ya acecha en su cabeza.
Esta es la historia de un hijo que, sin saberlo, se convirtió en leyenda.
Cuando hagas una promesa, recuerda que hay algunas, que son imposibles de romper.
Nosotros mientras tanto, seguiremos en busca de las grandes historias que escriben en este mundo Global, los grandes héroes deportivos.

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